viernes, 10 de febrero de 2012

continuum...#1

conexiones:

Jan Garbarek: 

Jan Garbarek & Agnes Buen Garnås 




   
    ¿cómo explicar un término que ni siquiera aparece en los diccionarios? A priori parece que estoy hablando de algo que no existe y sin embargo sí que existe, lo cual es una paradoja, pero al mismo tiempo tiene el atractivo del secreto no revelado. Además, ¿acaso la poesía no habla de lo mismo?, ¿de lo que está pero no está...?

    el continuum sería entonces algo que está ahí fuera pero también dentro de nosotros. El hilo sin fin del que hablan los taoístas. El continuum materializado en diversas formas, yendo de unas a otras, a lo largo del tiempo y del espacio...

    si partimos de esta premisa -el continuum en todas partes- bastaría estar receptivos con nuestros sentidos para poder percibirlo, algo que no suele funcionar dado lo inasible del concepto. Entonces, ¿qué nos queda: negar que existe? ¿Y no sería mejor aprender a percibir? Intentar que nuestros sentidos no se vean condicionados por todo lo anterior, por lo ya aprendido, por todo aquello que de alguna manera nos fue incrustado en nuestro cerebro y que ha de condicionarnos toda una vida. Si consiguiéramos liberarnos de todo ese material, ¿podríamos percibir el continuum? No lo sé. Pero desde luego la comprensión que tendríamos del mundo sería otra diferente, un conjunto donde todos sus elementos están interrelacionados, de manera directa o no, pero relacionados entre sí; un sistema perfecto donde lo que le sucede a una de sus partes afecta ineluctablemente al resto, alterando el equilibrio original, ese equilibrio en perpetuo reajuste...

    ¿cómo puede ser el mundo visto desde la nueva óptica? Probablemente, el entender lo anterior nos llevaría hacia una mejor compresión de lo que realmente el mundo es. Nada que ver con la percepción actual del sálvese quien pueda, estrategia insolidaria de cada uno hacia el resto, y al final insolidaria incluso de uno consigo mismo. Desde un punto de vista global, insolidaria y autodestructiva...

Fluye continuamente sin que podamos nombrarlo
y siempre retorna a la no existencia.
Es la forma sin forma,
la imagen sin imagen.
Es también indefinido y misterioso.
Si lo miramos de frente, no vemos su rostro.
Si lo seguimos, su espalda es invisible.

Tao Te Ching (XIV)...

    ¿puede tener validez algo que se dijo hace siglos en un lugar distante y atribuido a un tal Lao Tse? Si lo que afirma es correcto por supuesto que sí. Lo de menos es si lo dijo Lao Tsé, o quién lo dijo, el hecho crucial es que se dijo, y que además lo que afirma es bastante razonable. Es un punto más dentro de una serie de puntos, en una serie inacabable, como unos puntos suspensivos pero infinitos...

    ¿tiene sentido entonces hablar de un “orden” en las cosas? Tal y como entendemos “orden” no demasiado. Sí que habría un orden a la manera en que hablan los taoístas, pero en la realidad más cercana y más tangible no tendría demasiado sentido. O no al menos si lo que se pretende es no quedarse en la forma sino llegar a la esencia, al contenido último. Un ejemplo: para buscar una palabra en un diccionario puede ser práctico el orden alfabético, pero si se quiere llegar al significado esencial y primero del mundo, ¿para qué nos sirve un diccionario que ni siquiera recoge la palabra “continuum”? Esa es la razón por lo que esta obra que comienza, o para ser más precisos que ya estaba comenzada y a la que yo no hago más que incorporarme, no llevará separaciones en capítulos, salvo las estrictamente necesarias para la correcta comprensión del mensaje. Tampoco se preocupará por un orden en la exposición del texto. ¿Qué mas da cuando se diga? Lo realmente importante es que se diga, en la línea 1 o en la 253, de manera escrita o mediante una imagen, un sonido, pues da exactamente lo mismo, estamos hablando de la misma cosa...

    ¿cómo puede afectar la existencia de un continuum a la literatura, al arte en general? Si todo está indisolublemente unido y relacionado entre sí: todos los temas también lo están, con una mayor o menor cercanía pero relacionados. Si una fotografía me sugiere un poema es que hay una relación entre ambos elementos. Y si a un tercero mi poema le lleva a pintar un cuadro, no solo habrá una relación entre cuadro y poema, también entre cuadro y fotografía. Básicamente, el concepto del continuum sería ese, el hilo sin fin. Si mi cerebro es capaz de establecer un nexo entre dos conceptos, entre dos cosas diferentes, es porque sencillamente dicha conexión existe. Puede que no siempre sea evidente pero existe, basta con aprender a “mirar”...
  
    ¿tiene sentido re-escribir lo escrito por uno mismo? Tampoco esto tiene sentido. Lo importante es tratar de mostrar el mensaje de una manera clara. Si a posteriori el autor recuerda algo que puede añadir información a todo lo dicho anteriormente, bastará con añadirlo y ya está, no es necesario volver hacia atrás hasta encontrar el punto idóneo donde encajar esa nueva pieza. Esta consideración no es baladí: da mucha más libertad al autor, le libera del corsé de tener que escribir algo rigurosamente ordenado, le quita el lastre del discurso organizado y lógico, pero a menudo vacío de lo realmente esencial, del continuum. La única revisión que tendría sentido sería aquella que buscara posibles faltas ortográficas o de sintaxis, la que pretendiera eliminar erratas, si bien (en un sentido estricto y desde una óptica continuista) ni siquiera esto sería tan importante...

    en una obra así, que pretende mostrar una parte del continuum, a priori todo podría tener cabida, desde un texto escrito a una fotografía, una melodía o un ruido, un cuadro, un vídeo, un olor o un sabor (si esto fuera posible). El placer del creador de la obra, y también del lector, estaría en descubrir el hilo que pasa por todos esos elementos, tan aparentemente diferentes y distantes. Sería algo parecido a un juego infantil donde el porqué, el cómo o el objetivo último del juego es lo de menos, lo verdaderamente importante es jugar. Esa podría ser otra definición válida para el concepto de continuum: jugar, juego. No en vano, en inglés, en francés, y posiblemente también en otras lenguas (pues todas forman un continuum dialectal), existe una misma palabra para el concepto de “jugar” y para el concepto de “interpretar música, teatro, cine...”. “To play”, en inglés. “Jouer”, en francés...

    el punto final se coloca al final de un texto o enunciado para mostrar que ha terminado. Pero realmente ¿un texto acaba alguna vez?, ¿empieza en algún punto? Creo que sería más correcta la utilización de puntos suspensivos, pues el texto continúa, no solo en la mente del lector, sino también en la del propio autor de ese texto. A decir verdad, sería más razonable hablar de una frase, de un discurso infinito donde lo que leemos y/o escribimos es solo un eslabón más en la cadena, susceptible, además, de volver a ser utilizado por otros, ya sea en lo referente a su contenido, (ampliando o siguiendo con la idea), o en su forma, como cuando hacemos un cut-up, es decir cuando cogemos un texto, lo cortamos con las tijeras y formamos unidades más pequeñas con las que posteriormente componemos nuevas frases, poemas, etcétera; nuevas composiciones que, a su vez, son candidatas perfectas a sufrir el mismo proceso, y así sucesivamente, pues el continuum no termina nunca...

    un texto que termina con puntos suspensivos, ¿acaso no es una invitación a que otro tome el testigo...?

    dentro del continuum tampoco sería lógico empezar la frase con una mayúscula, ya que lo que se va expresar es una continuación de algo ya dicho antes, en algún otro libro, en una película, en una canción, en alguna conversación escuchada por azar en la calle..., o quizás la prolongación de un pensamiento que ni siquiera se llegó a pronunciar. Poco ha de importar si fue aquí o en las antípodas, pero ya fue dicho. Ciertamente, el mundo del arte, de la cultura, de la ciencia, es un continuum, un cut-up de proporciones gigantescas, donde alguien toma ideas de otro y las vuelve a utilizar. Es así como se construyen, por ejemplo, las teoría científicas; cada uno va poniendo un ladrillo más, allí donde otro lo dejó terminado o a medio terminar. Como se puede ver (o intuir) todo está siempre a medio terminar...

    para entender un poco el sentido de lo que es el coninuum ayudaría mucho leer el Tao Te Ching, atribuido a Lao Tse, una obra donde no sobra nada y cuyo mensaje ha aguantado perfectamente el paso del tiempo. El tiempo como juez implacable de la certidumbre de las cosas, de las teorías, de las personas... El Tao Te Ching como libro de cabecera al que recurrir en caso de emergencia -¿no es esto tranquilizador?-, o por el puro placer de perderse entre sus páginas, como el que se echa a andar por un desierto hermoso pero desconocido, o como el que se introduce en un bosque en mitad de la madrugada...

    no necesariamente hablar sobre el continuum ha de ser algo parecido a la escritura automática, donde el autor se deja llevar por sus pensamientos, sin reflexionar demasiado o nada sobre ello. No tiene por qué ser así, pero podría ser también. El continuum no es excluyente, más bien al contrario...

    el continuum es de naturaleza cambiante, proteica, adaptativa, ajustándose a los diferentes cambios que acontecen alrededor, ajena (en lo posible) a cualquier límite, pues tiende a sobrepasarlos, a incorporarlos...

    el continuum es permeable y se deja influir por todo, o al menos por todo aquello que va en la misma dirección o parecida. Esto incluye sonidos, música, fotografías, cuadros, vídeos, películas, aromas, olores, sabores, comidas, viajes... que hacen volar la imaginación, transportándole a uno hacia algún lugar dentro del continuum. También incluye personas, sin importar su condición, su sexo, su vestimenta, su ideología política... detalles estos completamente accesorios cuando de lo que se habla es de lo profundo. Por tanto, todos estos elementos, que son absolutamente imprescindibles, irán quedando plasmados de una manera u otra, y siempre dentro de las posibilidades de uno (a veces por imperativos tecnológicos), en Continuum...

    si el blog lleva el nombre de “sobreelcontinuum.blogspot.com” es puramente por una cuestión interna de la web que lo soporta, y que no admite el nombre que yo quería haberle dado “Continuum...” que ha de ser su verdadero nombre. Las entradas de cada día -y no hay una disciplina que establezca la periodicidad- irán acompañadas de un “#” y un número, pero la obra ha de entenderse como un conjunto total, donde se puede acceder a sus piezas de una manera separada, pues el orden no importa y todas se complementan...

    en cada entrada (me gusta la imagen de un lugar al que se accede por diversas entradas conducentes a un interior común) pueden aparecen vínculos (links) a otros puntos de la red que conforma el continuum: fotografías, cuadros, músicas, etcétera, que de alguna manera acompañaron la escritura de esa entrada, o al menos la inspiraron, y que, como quedó ya dicho, mantienen una conexión, visible o no, secreta o evidente, entre esos puntos. Sería de agradecer que el lector accediera a esos enlaces para complementar así la lectura y comprensión del texto...

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